15 de febrero de 2013

El mensaje de libertad de Espartaco

Por Nestor Guadaño.





“Espartaco, figura aquí (en Apiano) como el tipo más extraordinario que nos muestra toda la historia antigua. Gran general (no un Garibaldi), carácter noble, verdadero representante del antiguo proletariado” (4)


La influencia de Espartaco nos acompaña, cuando un espeso manto de desasosiego invade nuestra mente. Los levantamientos contra la aristocracia por los campesinos fueron su continuación. De la revolución francesa emergió la burguesía, en el poder actualmente. En la Insurrección de la Comuna de París se plantó cara a la burguesía, con la alianza de la pequeña burguesía y el proletariado. La Revolución Socialista de Octubre ha sido, hasta ahora, el máximo avance del proletariado por construir una nueva sociedad más igualitaria: El Socialismo camino del Comunismo. Mas en condiciones mucho peores contra unos bárbaros mercaderes de carne de trabajo, se levantó Espartaco, él hizo posible que su mensaje de libertad, se imprimiera en la mentalidad del trabajador. Su gesta fue recogida por historiadores romanos, bizantinos, árabes, cristianos y materialistas. “Y ahora soy libre. Nunca hubo un momento de libertad para mi padre o mi abuelo, pero en este momento soy un hombre libre” (2) Fuente constante de paralelismos, cuando las crisis impregnan de ansiedad las mentes hacia un posible estallido social, cuando todo parece muy difícil y de esfuerzos extraordinarios por unificar las luchas conscientes o espontáneas, recupero en este ensayo su lucha y su mensaje liberador.
Las vagas referencias de los historiadores romanos como Apiano (más veraz por su erudición, de ascendencia egipcia) y Floro. Según ellos, Espartaco procedía de Tracia, en la actual Bulgaria. Fue convertido en esclavo tras desertar de las tropas auxiliares de una legión romana. Sacado de las minas fue comprado gracias a su fuerza física, por un mercader de gladiadores de Capua (Léntulo Batiato). Durante el siglo II tuvieron lugar diferentes insurrecciones de esclavos, especialmente las revueltas sicilianas. De estas fuentes también sabemos que los historiadores estimaban que la protagonizada por Espartaco fue muy peligrosa para la sociedad esclavista. Aglutinó en su ejército a los esclavos que se escaparon, pero posiblemente en la península italiana la gran mayoría de la población esclavizada se le uniera, pero las legiones romanas por donde pasaban hacían escarmientos muy crueles contra los sometidos a esclavitud, y esto impidió que el movimiento encabezado por Espartaco tuviese más apoyo. Las mismas fuentes describen a Espartaco como un hombre culto que buscaba crear una sociedad socialista alternativa a Roma. Y ese ejemplo para la posteridad es lo que diferencia la rebelión de Espartaco de todas las insurrecciones de esclavos, campesinos y oprimidos de la antigüedad. 
Los romanos después de acabar con Espartaco, quisieron amedrentar a sus seguidores, crucificando a 6.000 prisioneros de las fuerzas derrotadas como aviso, desde Capua hasta Roma. Pero la insurrección tuvo consecuencias muy importantes en su época porque “…cuando la rebelión del 73-71 había sido sofocada, infirió un duro golpe a la economía esclavista de Italia. Como consecuencia de la rebelión, Italia perdió no menos de 100.000 esclavos, los campos fueron desvastados y muchas ciudades destruidas. Los propietarios, aterrorizados, comenzaron a evitar la compra de esclavos, prefiriendo los nacidos en casa. Creció el número de los libertos. Aumentó la cantidad de tierras dadas en arriendo. El movimiento de Espartaco fue una de las causas principales de la crisis agrícola que estalló en Italia a finales de la República y que, en lo fundamental, no se logró superar” (3)
Howard Fast escribe Espartaco como una necesidad. No pretendía hacer una novela revolucionaria. Simplemente quiso que su escrito recuperase un mensaje denunciador, no hacia los esclavos asalariados, sino hacia sus congéneres que ayudaban al mantenimiento de la explotación capitalista. Burgueses periodistas y lacayos que estaban a gusto con esta explotación. Así se convierte en un alegato contra el sistema inhumano imperialista.
“No se trata de establecer mecánicamente un paralelismo, sino de que de este episodio se puedan extraer esperanzas y fuerza, y resaltar el hecho de que Espartaco no vivió sólo para su tiempo, sino que su figura constituye un ejemplo para la humanidad de todas las épocas. He escrito este libro para infundir esperanzas y valor a quienes lo lean, y durante el proceso de su escritura yo mismo me sentí con más ilusiones y más coraje” (2)
El mensaje de libertad de Espartaco. Las propias afirmaciones de Howard sobre la vida y la muerte traspasan los límites de la novela. No cree en otra vida, defiende la vida sobre todo, no hay nada sin la vida terrenal, después de esta vida de penurias, intuye que puede existir otra vida de alegría y esfuerzos compartidos. Cree en el compañero de fatigas. 
Cuando la existencia es un reguero sinuoso bien delimitado por las rocas, que le conducen invariablemente, empujado por otros hacia la inexorable vejez. Desde la infancia los obreros hijos de obreros conocen que son los que construyen el mundo, y sobre sus hombros se montan empresarios, vampiros de contratas, especuladores del dinero, acaparadores de mercancías, rentistas de ganado humano, políticos inservibles y los grandes magnates pervertidores de mentes, que apuntalan cada día esta cárcel de sociedad que llaman capitalismo.

¿Porqué ese ejemplo es tan odiado por la cúpula dominante?
Más allá de su tiempo y del nuestro, las miles de rebeliones de esclavos que hubo, fue el comienzo. Desde los oscuros tiempos donde no quedó grabada, (incluso recientes estudios han sacado a la luz huelgas de obreros en la civilización antigua egipcia), la pugna contra la esclavitud continuó hasta la época del algodón, del café y del cobre. Igualmente después, son los hijos de esclavos que viven del servicio del amo, quienes llamándose peones, aparceros, colonos, jornaleros, siervos o asalariados, siguen bajo sus caprichos. Su situación, aunque con matices, son idénticas y su ansia de emancipación hace que las insurrecciones antiguas o actuales no pueden ser contenidas. Porque hay una estrecha relación entre la sociedad esclavista y la actual. Son sistemas de explotación que pone muros de leyes y ejércitos para resguardar por la fuerza su violencia coercitiva. Utilizan a los abogados, a las bandas políticas, a las sectas religiosas, para que apoyen y defiendan en la práctica, sus privilegios obtenidos por el saqueo del trabajo de la población.
Contienen la ira de los desposeídos, mediante los acuerdos legislativos, policiales y laborales para que esta no se desborde. Son derechos vigilados que pueden ser destruidos por el gobierno de turno. Se pactan convenios para contentar a una parte de obreros, buscando la forma de acabar paulatinamente con esas limosnas. Pero quieren toda la producción. De ahí la imposición de impuestos agresivos de expolio. Todos estos ataques hacia los trabajadores, han sucedido desde el mundo antiguo, de por vida y buscando el máximo beneficio del sudor y la muerte. Desde los tiempos de Espartaco, la lucha contra el poder ha revestido las mismas características:
“..un siglo de inestabilidad social, de revoluciones e insurrecciones masivas, cuyas causas me resultan familiares: la ruptura de los valores tradicionales, la brusca transformación del sistema económico, el desempleo, la corrupción y la decadencia de la clase dirigente”. (1)
Toda esta caverna de cadenas de la población es para tenerla amarrada a su mundo de dominación, tanto de las conciencias como de la vida. Pero, más tarde o temprano como dijo Carlos Marx, a los explotados le crecen los dientes: “En un cierto grado de su desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes (que no son más que la expresión jurídica de las últimas), con las relaciones de propiedad, dentro de las que hasta ahora se habían desenvuelto. Estas relaciones, que son formas de desarrollo de las fuerzas productivas, se convierten en su freno. Es entonces cuando llega la época de la revolución social” (6)
No es solamente una rebelión por el poder, que lo es. Su fin no es únicamente acabar con los mercados, aunque quiera exterminarlos. No busca mantener el lucro y el despilfarro, mas extinguirá el dolor del vientre hinchado de hambre. Es el cambio de relaciones sociales. “Ahora debemos ser camaradas, y ser todos como una persona, y en el pasado, la gente de mi pueblo, tal como oí contarlo, cuando salía a luchar, iba por su propia voluntad, no como van los romanos, y si alguno no quería luchar, se iba y nadie se preocupaba por él.”, “..este mundo de ahora era algo nuevo en su curiosa camaradería de los oprimidos y en toda aquella gran multitud de tantas naciones y pueblos no hubo esa noche voces que se elevaran con ira o descontento. Estaban poseídos por un poco de amor y un poco de gloria” (2)
Los nombres de muchos de aquellos héroes del pensamiento, que lideraron las explosiones de la nueva mentalidad comunitaria, han sido silenciados por la burguesía. “La historia fue escrita por uno que era dueño de esclavos y los temía, y los odiaba” (2) No aparecen en los libros de historia cuando se levantaron contra faraones, imperios y dictadores, porque aquellos que creen en la muerte y en la guerra, abogan por su poder de acumulación de riquezas y sudores ajenos. Ocurre ahora y ocurrirá si la realidad social no se transforma.
“La realidad apenas comenzaba: la realidad nunca llegaría a ser más que un comienzo en él, el fin o algo que no terminaría de adentrarse en el inexistente futuro; pero la realidad estaba vinculada con todo cuanto le había ocurrido a él y a los hombres en torno a él y con todo cuanto iba a acontecer en ese momento.” (2)
En un instante de lucha, se concentran los pensamiento de millones de proletarios en millares de años. Y este pensamiento, hoy está muy presente. “La verdad de los esclavos era contraria a la verdad de los tiempos en que vivieron. La verdad era imposible, imposible en todos sus aspectos, no porque no hubiera ocurrido, sino porque lo ocurrido no tenía explicación dentro del contexto de aquellos tiempos. Había más soldados que esclavos y los soldados estaban poderosamente armados; pero los soldados no esperaban que los esclavos lucharan y los esclavos sabían que los soldados iban a luchar” (2) Por eso, la técnica y la confianza de la fuerza de coacción de los poderosos, es su debilidad.  

Esperanza y fuerza, contra odio y crueldad.
Venganza de aquellos a quienes se les discute su poder. Por ello utilizan todos los medios pacíficos y violentos para arrancar las raíces del pensamiento emancipador. Porque los escritos comunistas son más estridentes que cualquier cañón. Impulsan las protestas, inflaman de inteligencia a los desposeídos, infunde pesadillas a los reaccionarios y proclaman una sociedad de igualdad. Pero a la vez para cada proletario le queda grabado un fulgor de fuerza, “…ningún hombre es diferente a otro hombre…Mi corazón rebosa de amor por vosotros. No hay palabras en el mundo para expresar todo el cariño que siento por vosotros, mis queridos camaradas. Nuestras vidas estuvieron unidas. Aunque hoy fracasemos, habremos hecho algo que los hombres recordarán para siempre.” (2). 
Compartir significa triunfar sobre el temor. Esperanza es lo que nos da Espartaco. Se adelantó a su tiempo. No tenía una facción política romana que le apoyase, no le comprendieron ni los artesanos, ni la población pobre, aunque una parte se les uniera. Plebeyos y patricios ignoraron su mensaje. Aunque su impresionante rebelión no quedó en el olvido. Según Kovaliov, aunque se anticipara a su tiempo, fue una auténtica “Guerra de clase”, revolucionaria, que removió las conciencias de su tiempo. No tanto por las consecuencias de su rebelión, sino por las sangrientas represiones que produjo, no solamente en Italia, sino sobre todo en Hispania y Asia Menor, donde contra cualquier indicio de rebeldía era respondido por los gobernantes romanos con los más atroces tormentos. Estas medidas contra los esclavos hizo que en las fronteras con Roma se fueran aglutinando muchos pueblos que planeaban responder a las incesantes incursiones del ejército imperial romano, que a la larga provocaron su fin cuando cayo el Imperio de Occidente.
Pero es un hecho que impulsó un movimiento de esperanza en los desposeídos. Un primer conato de nueva mentalidad por romper los moldes impuestos por los patricios romanos, que separaban como hoy, a la población en estamentos sociales diferenciados. Por ello esa unidad de comportamiento de los más pobres con los esclavos, preconizó el “ser social”, “..que sostenía el principio de la igualdad entre los hombres y negaba que la distinción entre ciudadanos libres y esclavos formara parte del orden natural de las cosas” (1). 
En su honor las fuerzas proletarias han dedicado proezas y organizaciones. Como la Liga Espartaquista alemana. Las Espartaquiadas, competiciones deportivas colectivas de las Repúblicas Socialistas Soviéticas. Y uno de los más bellos ballets, de Arám Katchaturián "Espartaco".


Puede demorarse la irrupción de ese ser social, de esa clase social que esta harta de tanto crápula. “Y en tanto que el hombre trabaje y otros hombres tomen y usen el fruto de los que trabajan, el nombre de Espartaco será recordado, susurrado algunas veces y proclamado en voz alta y clara otras veces”  (2). 
Porque su mensaje es de creación de una sociedad radicalmente distinta. Donde no haya más sumisión de unos hacia otros por razones de bolsa, credos, naciones, razas. Esas diferencias de los trabajadores aún teniendo significado no son ataduras firmes. Porque el cautiverio de los obreros es universal. Romper con esos lazos de desunión, mediante el abrazo de las voluntades por cimentar un nuevo orden social comunista, esperanza por compartir en colectivo las luchas de toda la clase tanto local como mundial.

Libros consultados:


1.- The Gladiators, Arthur Koestler. 1940. Edición 1965. Traducción Maria Eugenia Cocchini, por Edhasa, 1992

Arthur Koestler es un escritor, que en muchas de sus obras, desarrolla el dilema de la ética revolucionaria y la ética política,  sobre si el fin justifica los medios empleados y hasta que punto pueden los hechos conducir a objetivos contrarios. Nacido en Budapest, se educó en Viena. Escribió sus obras en húngaro, alemán e inglés. Trabajó de corresponsal extranjero en Oriente Medio, París y Berlín. Afiliado al Partido Comunista en 1931 a la edad de 26 años, cuando trabajaba en un periódico liberal en Berlín, denuncia en sus escritos el ascenso del nazismo y que únicamente la revolución socialista, podía conjurar esa aberración contra la humanidad. De aquella época son sus libros “The God that Failed” y “La escritura invisible”. La lucha impresionante del proletariado alemán le hace ver que la salida de aquella sociedad atroz de atropellos es la construcción del socialismo en la Unión Soviética. Estuvo en prisión en las cárceles de Franco, cuando vino a apoyar al gobierno legítimo republicano. Aquella experiencia le marca, y lo que observa dentro del bando republicano lo reflejó en su obra “Testamento español”. Aborda en diferentes escritos, como por acciones interiores y exteriores una revolución de tipo social puede quedar truncada, cuando no se determinan los objetivos básicos del cambio social. Durante esas fechas va escribiendo su novela sobre la rebelión de Espartaco, terminándola en 1938. Forma parte este libro de una trilogía (“el cero y el infinito” y “Llegada y partida”). Residió en Inglaterra, hasta su muerte ocurrida en 1983.

2.- Espartaco, Howard Fast. 1951. Traducción Leonardo Domingo, por Edhasa, 2003. 


Howard Fast, como muchos otros de su generación fue adquiriendo la certeza de que había dos mundos opuestos en la opulenta sociedad yanqui. Sus crisis y la violencia utilizada por el poder contra las rebeliones obreras hicieron que viesen en el Socialismo una esperanza cierta. El avance de la ideología fascista en EEUU y en el mundo, puso a estos escritores en la disyuntiva de defender a los explotadores o abogar por los derechos de los obreros. En los años treinta del siglo XX querían mantenerse entre esa lucha de clases. Hasta entonces Howard escribió novelas de mérito. Que defendían la independencia del pensamiento como en “Citizen Tom Paine (Ciudadano Tom Paine)”; o los derechos de las minorías étnicas como en  “The Last Frontier, (La última frontera)”, sobre una tentativa de los indios Cheyennes para volver a su tierra arrebatada;  en “Freedom Road (Camino de la libertad)”, sobre la vida de los esclavos después de la Guerra de Secesión, va perfilando su denuncia de la hipocresía del imperio estadounidense. En sus artículos de aquellos años denuncia mediante juegos irónicos como se mantenían los gobiernos corruptos donde los partidos son objetos de la codicia de los más ricos, sean presidentes “demócratas o conservadores". Clama por la defensa de los gobiernos que luchan contra el fascismo en Europa, y ayuda a la República Española a quien se la niega la posibilidad de sobrevivir, porque todos los gobiernos de su país, llenos de exageradas palabras de democracia e igualdad, imponen la política de “No Intervención” en los asuntos militares de la contienda española, pero realizan a la vez sus empresarios suculentos negocios con el régimen nazifascista alemán.
Mas llega la guerra mundial. Escribe en la “Voz de América”. Ya en 1944 se afilió al Partido Comunista de los Estados Unidos y por ello más tarde en 1948 fue llamado por el Comité de Actividades Anti-Americanas. Rechazó divulgar los nombres de los contribuyentes al “Joint Antifascist Refugee Comittee (Comité de Ayuda a los Refugiados Antifascistas)”, que había comprado un antiguo convento en Francia (Toulouse) para convertirlo en un hospital que ayudaba a los refugiados republicanos, condenándolo el tribunal por desacato durante tres meses de cárcel.
En estos tres meses de 1950, Howard desarrolló la trama y las ideas vertidas en la novela “Espartaco”. En 1960, Stanley Kubrick dirige la película “Espartaco” con un guión adaptado muy libremente sobre la novela de Fast. La producción la impulsa el actor Kirk Douglas. Pero la censura llega hasta el extremo que no pueden poner el nombre de Howard en los títulos de crédito.

 

3.- Historia de Roma. Sergéi Ivánovich Kovaliov. Universidad de Leningrado 1948. Traducción de Marcelo Ravoni para Akal editor 1975.

Sergèi Ivànovich Kovaliov es uno de los principales profesores de Historia Antigua, en especial sobre la época romana, en la URSS. Entre 1919 a 1938 dedica su vida a la labor cultural, educativa y social tanto en la Universidad de Leningrado, como en las escuelas superiores del Ejército Rojo, como en las escuelas de materialismo histórico para comunistas. De 1934 a 1956 es Responsable del Departamento de Historia Antigua de Grecia y Roma, en la Facultad de Historia de la Universidad de Leningrado. Hasta su fallecimiento en 1960 fue además, desde 1956, responsable del Museo de la Religión y el Ateísmo de la Academia de Ciencias de la URSS. Explicó en sus cursos la esencia de clase del cristianismo. Sus estudios sobre el cristianismo primitivo, en la formación de la Eclesia-Iglesia (antiguas asambleas de creyentes) fueron ampliamente estudiadas en las universidades soviéticas. Su Historia de Roma, igualmente sigue siendo uno de los textos referentes de estudios universitarios sobre la Antigua Roma. Fundamenta detalladamente la descomposición de la sociedad romana, desde la “Guerra de Clases” de los años 70 antes de Cristo, y la mentalidad que supuso la revolución social de los esclavos y los inquilinos, las insurrecciones campesinas y la aparición del feudalismo.
Autor de numerosos libros de texto (Cursos de Historia Mundial, Historia Antigua para niños de 5 y 6 años, Historia de Roma –compilación de sus conferencias en la Universidad Estatal de Leningrado-, guías para los profesores de Historia, etc.), artículos (Marx y Engels, sobre los métodos de producción antiguos, los principales problemas de la formación esclavista, la lucha de clases y la caída de la sociedad esclavista, Grandes revueltas de esclavos del ll y l –A.C.-, los orígenes del cristianismo, el mito de Jesucristo, la historia del papado y la Inquisición, etc.) y monografías imprescindibles (Las razones para el surgimiento del cristianismo, Los hallazgos en el desierto de Judea, el descubrimiento del Mar Muerto y los orígenes del cristianismo, escrito conjuntamente con M. Kublanovim en 1960, etc).
Sus escritos han influido decisivamente en la comprensión social de los regímenes imperialistas. La incipiente aparición del proletariado unido a los desclasados, las peticiones de los oprimidos a través de los siglos, la germinación de la huella de la clase trabajadora, las relaciones de apoyo y exterminio en los procesos revolucionarios desde la época feudal, la mentalidad destructiva de las ideas religiosas que apoyaban firmemente a los poderosos; y la esencia, sobre todo, del papel propagandístico jugado por el concepto de la “caridad”, que hoy aún socava las conciencias de una parte importante de la población, en oposición a la solidaridad de clase.
4.- Carta a Engels, 27 de febrero de 1861. Correspondencia Marx-Engels. Editorial Progreso. Moscú 1975.

5.- Ciceron y su tiempo. S. L. Utchenko. Traducción de José Fernández Sánchez (Akal Editor 1978).

6.- Carlos Marx y Federico Engels. Obras. Volumen 13, página 7. Editorial Progreso 1975.